mar 042009
 

Marzo de 2009

Carlos Peña Aguilera
Presidente de la Asociación Granadina de Amigos del Ferrocarril y el Tranvía (Agraft)

El asunto del acceso a Sierra Nevada no es un problema nuevo, aunque sí se plantea como algo novedoso cada vez que surge una alternativa de transporte al vehículo privado. No hay más que buscar los precedentes allá por el año 1906, cuando Nicolás de Escoriaza, gerente de Tranvías Eléctricos de Granada, encargó a Strub, un ingeniero suizo que patentó el sistema de cremallera que lleva su nombre, un estudio para llegar al mismísimo pico del Mulhacén mediante el uso de todos los sistemas ferroviarios conocidos: la adherencia simple, la cremallera y los funiculares.

Veinte años más tarde el Duque de San Pedro de Galatino convertía en realidad el sueño de acercarse a Sierra Nevada mediante la construcción de un ferrocarril explotado con material tranviario y de un hotel que era la envidia de toda España al incluir la energía eléctrica en todos sus servicios. Luego el sueño se tornó en pesadilla, al no verse cumplido el cometido de este tranvía, que era servir de transporte hacia las zonas de alta montaña si se hubiera construido en los años cincuenta un teleférico, del que ahora tanto se habla, y que estaba aprobado por el Consejo de Ministros. Desde entonces Granada y su sierra se han aferrado al desarrollismo de ladrillo y combustión interna, esto es, hacer de Pradollano una gran urbanización y ejercer esa libertad tan mal entendida que supone ir en coche hasta donde uno quiera, ya que los problemas surgen cuando no hay donde dejarlo o las carreteras no dan más de sí.

Entonces se plantea la paradoja, seguir dando respuesta a la necesidad de transporte privado o decir “esto ya no puede crecer más”; casi cincuenta años después hay que poner freno a este modo de turismo de coche y aparcamiento a pie de pista que ya huele a rancio, al menos donde se mira por el medio ambiente, y ya es aceptado por todos que Sierra Nevada es un ecosistema frágil.

Sin duda, hay que reconocer que la única alternativa medianamente seria planteada desde la vergüenza que supuso para los granadinos perder el tranvía de la sierra y por extensión la red interurbana de tranvías, allá por enero y febrero de 1974, ha sido el proyecto del teleférico a Sierra Nevada, rechazado por la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía. Visto desde fuera y teniendo en cuenta los criterios medioambientales aducidos, a este proyecto parece que se la visto el plumero en cuanto a expectativas de negocio, tenía cierto tufillo a hacer de Sierra Nevada un parque temático.

No obstante, el lobby proteleférico, encabezado por la Confederación Granadina de Empresarios, ha estado cortejando a D. Mariano Gutiérrez Terrón para ver si en Sevilla cambian de opinión. Los acontecimientos meteorológicos de este invierno han puesto al descubierto cierta descoordinación o dejadez, y mostrando los problemas de acumulación de nieve, congestión de tráfico y falta de alternativas de transporte público en toda su crudeza.

La semana pasada el grupo político de Los Verdes han realizado una propuesta de transporte público basada en el ferrocarril, que cada uno lo llame como quiera, tren-tram, metro ligero, tranvía de cremallera o tren de montaña. Esta propuesta está recogida en el documento de propuestas que esta Asociación de Amigos del Ferrocarril y el Tranvía (Agraft) presentó el año pasado como alegaciones al Plan de Infraestructuras para la Sostenibilidad del Transporte de Andalucía (PISTA), y que dio a conocer a la opinión pública durante los Actos con motivo del Primer Aniversario de esta asociación el pasado mes de Mayo de 2007. El planteamiento es razonable, ajustado y trata de dar respuesta a todas las necesidades e intereses que se confrontan en la explotación de una estación de esquí rodeada de Parque Nacional y de Parque Natural.

A nuestro entender le toca mover ficha a la Junta de Andalucía. Esta institución ha cerrado la puerta al teleférico pero no ha propuesto una alternativa mejor. Se requiere un liderazgo en esta cuestión y evitar soluciones cosméticas que mantengan el problema de fondo. La pelota está en el tejado de los órganos de gestión de la estación de esquí, se requieren estudios y soluciones valientes que den un vuelco al modelo de explotación de los años 60. Es hora de plantearse cómo garantizar el futuro de la estación de esquí y del macizo de Sierra Nevada para las próximas generaciones, y ello pasa por reducir las emisiones de CO2,  proponiendo alternativas de transporte público respetuosas con el medio ambiente.